miércoles, 17 de junio de 2015

El asteroide Ícaro .


Un asteroide potencialmente peligroso ‘rozo’ ayer la órbita de la Tierra. Su nombre es Ícaro y fue uno de los meteoros ‘potencialmente peligrosos’ que obligó a los científicos del MIT a crear un plan para salvar al mundo, en caso de que colisionara con nuestro planeta.
El asteroide 1566 Ícaro lo descubrió Wilhelm Heinrich Walter Baade en junio de 1949 y su segundo avistamiento sucedió en 1996, cuando surcó a 40 veces la distancia de nuestro planeta con la Luna. Es un meteoro casi esférico, muy luminoso, de un kilómetro de diámetro y 4,4 millones de toneladas.
Ícaro logra su nombre de la mitología griega, por la alegoría del joven que se le derritieron las alas de cera cuando se acercó al Sol. De hecho la trayectoria del asteroide 1556 hace que se aproxime cinco veces más al Sol que la propia Tierra, por lo que su superficie sufre 25 veces más de calor y radiación. Ícaro es hijo del arquitecto Dédalo, constructor del laberinto de Creta, y de una esclava llamada Náucrate.


Estaba retenido junto a su padre en la isla de Creta por el rey de la isla, llamado Minos.
Dédalo decidió escapar de la isla, pero dado que Minos controlaba la tierra y el mar, Dédalo se puso a trabajar para fabricar alas para él y su joven hijo Ícaro. Enlazó plumas entre sí uniendo con hilo las plumas centrales y con cera las laterales, y le dio al conjunto la suave curvatura de las alas de un pájaro. Ícaro a veces corría a recoger del suelo las plumas que el viento se había llevado o ablandaba la cera.
Cuando al fin terminó el trabajo, Dédalo batió sus alas y se halló subiendo y suspendido en el aire. Equipó entonces a su hijo de la misma manera, y le enseñó cómo volar. Cuando ambos estuvieron preparados para volar, Dédalo advirtió a Ícaro que no volase demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera, ni demasiado bajo porque la espuma del mar mojaría las alas y no podría volar.
Pasaron las islas de Samos, Delos, Paros, Lebintos y Calimna, y entonces el muchacho comenzó a ascender. El ardiente sol ablandó la cera que mantenía unidas las plumas y éstas se despegaron. Ícaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayó al mar. Su padre lloró y lamentando amargamente sus artes, llamó a la tierra cercana al lugar del mar en el que Ícaro había caído Icaria en su memoria.


El asteroide Ícaro